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Vie 4. Sep

"Con Malvinas no se juega"

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“Malvinizar no es hacer una cadena nacional. Malvinizar es poblar. Es producir. Es generar trabajo. Es defender nuestros recursos naturales. Es fortalecer nuestras Fuerzas Armadas. Es garantizar arraigo y futuro en Tierra del Fuego. Es tener una política exterior soberana, no una política exterior de rodillas”, aseguró el ex intendente de Ushuaia, Mario Daniele desde sus redes sobre el discurso del Presidente.

Lo de anoche fue un manotazo de ahogado. Después de años de desprecio por la causa Malvinas, de sometimiento de nuestra política exterior a los intereses de Washington y de subordinación sistemática de la soberanía nacional a las exigencias del FMI y de los mercados financieros, Milei pretende ahora envolverse en la bandera argentina y vendernos un nacionalismo que no resiste el menor análisis.

Cualquier medida concreta que contribuya a recuperar el ejercicio pleno de nuestra soberanía por la vía pacífica y diplomática será bienvenida. Pero no somos ingenuos, y los argentinos tenemos todo el derecho a preguntar: ¿qué cambió? ¿Qué se está negociando? ¿Qué pretende Estados Unidos a cambio?

Estados Unidos no descubrió de repente la justicia del reclamo argentino. En el Atlántico Sur están en juego enormes intereses geopolíticos, militares, energéticos, pesqueros y económicos. Por eso el repentino interés de Donald Trump no puede ser recibido con ingenuidad ni con festejo. La pregunta es inevitable cuando este mismo Gobierno avanzó el año pasado con la idea de una base naval con participación estadounidense en Ushuaia, hace apenas semanas pretendió flexibilizar los límites a la extranjerización de tierras —la misma ley que protege el suelo patagónico y fueguino de manos extranjeras— e intervino el puerto de Ushuaia, la puerta de entrada al Atlántico Sur, sin explicación ni consenso provincial.

No queremos reemplazar una bandera extranjera por otra. Queremos ejercer nuestra soberanía. Y eso exige coherencia.

Porque no se puede hablar de Malvinas mientras se debilita deliberadamente la provincia que constituye nuestra principal presencia argentina en el Atlántico Sur. Tierra del Fuego está siendo sometida. El desfinanciamiento sistemático de la provincia, el deterioro de la Promoción Industrial —instrumento histórico que generó trabajo genuino y pobló el fin del mundo— está dejando miles de trabajadores en la calle. Cierran fábricas, cierran comercios, la obra pública está paralizada. Las familias fueguinas se endeudan para sobrevivir: los niveles de mora superan los registros de la pandemia y Tierra del Fuego tiene hoy una de las tasas de suicidio más altas de América Latina. Están detonando y rifando el futuro de la provincia.

La situación es sumamente preocupante. Y en ese contexto, la puesta en escena de anoche resulta obscena. El mismo Gobierno que hace pocas semanas quería vender los terrenos de la Armada en el sur del país —lo que habría implicado entregar presencia estratégica del Estado nacional en territorio soberano— nos llama ahora a la unidad nacional por Malvinas. El doble discurso no puede ser más evidente.

Esta locura ya la vivimos. Galtieri también intentó despertar el sentimiento nacional cuando las cosas puertas adentro no funcionaban. Los resultados están a la vista y los pagamos caro. No volvamos a cometer el mismo error.

Malvinizar no es hacer una cadena nacional. Malvinizar es poblar. Es producir. Es generar trabajo. Es defender nuestros recursos naturales. Es fortalecer nuestras Fuerzas Armadas. Es garantizar arraigo y futuro en Tierra del Fuego. Es tener una política exterior soberana, no una política exterior de rodillas.

En vez de esta puesta en escena, dedíquense a gobernar. A reparar el caos económico, político y social que generaron. A parar la sangría industrial. A garantizar que una familia fueguina pueda llegar a fin de mes sin endeudarse. A devolver el puerto a la provincia. A defender la Ley 19.640 como se defiende el territorio: con hechos, no con cadenas nacionales.

Malvinas no puede ser una moneda de cambio entre potencias. No queremos cambiar una dependencia por otra.

Hasta que Estados Unidos reconozca de manera clara, inequívoca y sin condicionamientos la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur, Sandwich del Sur y los espacios marítimos circundantes, no habrá ninguna razón para festejar.

Las Malvinas no son británicas. Tampoco serán norteamericanas.

Las Malvinas son argentinas.

 

 

 

*Mario Daniele

Ex intendente de Ushuaia, capital de Malvinas.


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