Mensaje de la Conferencia Episcopal por los 50 años de la última dictadura afirma, “Hoy decimos de manera rotunda: «nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa”.
A través de un mensaje que difundió públicamente, la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) se pronunció a propósito de los 50 años que se cumplen del inicio del último golpe de Estado: “Hoy los ciudadanos volvemos a decir Nunca Más”.
La institución manifestó su inquietud por la polarización y el avance de rasgos autoritarios .
“Reconocemos la gravedad de lo acontecido en esos años violentos y comprendemos que la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella, que ayude a redescubrir y reconstruir el sentido de la fraternidad entre los argentinos”, expresaron .
“Como nos recuerda el papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, sabemos que ‘Es fácil hoy caer en la tentación de dar vuelta la página diciendo que ya hace tiempo que sucedió y que hay que mirar hacia adelante’. ¡No, por Dios! Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”, afirmó la CEA.
“Un tiempo en que va predominando una ideología de la supervivencia del más fuerte sobre el más débil, cuando la fortaleza de la democracia debería manifestarse en el cuidado a los más frágiles”, añadieron. Esta postura surgió en un momento de fuerte debate sobre la memoria histórica, donde el Gobierno introdujo en su narrativa el accionar de las organizaciones armadas previas al golpe. Ante esto, la Iglesia optó por una posición que no busca la disputa dialéctica, sino fijar principios normativos para procesar el pasado y el presente.
El Episcopado describió el período 1976-1983 como “una oscura noche” marcada por el terrorismo de Estado. “Hoy decimos de manera rotunda: ‘Nunca Más’ a la violencia de la dictadura y ’Siempre Más’ a una democracia justa”, precisaron.
El mensaje asumió una responsabilidad institucional al sostener que “la memoria exige una autocrítica, de la sociedad y la Iglesia presente en ella” reconociendo la gravedad de lo sucedido en aquellos años de violencia. Con una idea del Papa Francisco, el documento introdujo el concepto de “memoria íntegra y luminosa” para advertir contra el riesgo de “mutilar la historia”. Según el Episcopado, “nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”.
Además, para la Iglesia, este ejercicio de recordar debe servir para “mantener viva la llama de la conciencia colectiva, testificando a las generaciones venideras el horror de lo que sucedió”. De esta manera, el documento reafirmó los derechos humanos como un límite infranqueable y propuso una mirada que comprenda la complejidad del pasado sin caer en simplificaciones ni usos instrumentales de la historia.
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