Actualidad Sáb. 16 Jul. 2011

En Zimbabue, 52 personas condenadas a muerte esperan su ejecución,

En  Zimbabue,  52 personas condenadas a muerte esperan su ejecución,
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En la República de Zimbabue, al menos 52 personas condenadas a muerte esperan su ejecución, que se retrasa para algunos durante años por la ausencia de verdugo, según Inter Press Service. El anterior ocupante de este cargo se jubiló en 2005, año en el que tuvo lugar el último ajusticiamiento de este tipo. Desde entonces nadie ha tomado el relevo del puesto vacante.

El senador Morgan Femai (del partido opositor Movimiento por el Cambio Democrático) achaca este vacío a la insuficiencia de anuncios y ha pedido la amnistía de los condenados si no llega a cubrirse el puesto.
Sin embargo, periódicos como el NewsDay han difundido la oferta de empleo, precisando los requisitos para cubrir el cargo: ser hombre, fuerte, tener la educación básica terminada, no padecer dolencia de corazón y tener conocimientos de sogas y nudos.  El ejecutor recibiría una remuneración cercana a los 300 dólares al mes y su identidad se mantendría bajo secreto. También se asegura que su trabajo no será rutinario, ya que podría tener que matar de dos a cuatro personas en un día, o esperar hasta un año para ejecutar a un condenado. La pena no podrá afectar a mujeres embarazadas, personas mayores de 70 años, y menores de 18 en el momento de los hechos.
La polémica vuelve a surgir tras la elaboración esta semana en el Senado del primer Informe de Derechos Humanos sobre el estado de las prisiones y los prisioneros en el país de África austral. Las conclusiones tras las visitas a la Prisión central de Harare, la Prisión Máxima de Chikurubi, Mutare, Mutimurefu y Whawha ponen en evidencia carencias notorias.
Las limitaciones económicas impiden el cumplimiento de las necesidades básicas de la vida en la cárcel, como la alimentación, la ropa, las camas, la medicación y el transporte a los hospitales o a la cortes. Además, la mayoría de los presos no tienen los medios de costear una representación legal, y algunos están en prisión preventiva, a la espera de un juicio que tarda en llegar hasta 6 años. Por último, no tienen ningún tipo de protección frente al peligro de los acosos sexuales dentro de la cárcel, que suman a las ya deplorables condiciones la amenaza del SIDA.
La falta de un verdugo ha obligado a Zimbabwe a decretar la moratoria de la pena de muerte, es decir, que aunque reconozca legalmente esta condena, no la aplica por un tiempo determinado. Lejos de ser un avance hacia la deseada abolición, esta situación hace que se acumulen en los corredores de la muerte, vidas cuya exterminación es tan inevitable como incierta.
Ante tal situación, la presión internacional para la abolición de la pena aumenta. Según un informe de Amnistía Internacional elaborado en 2011, al finalizar 2010, más de 96 países derogaron el castigo. 8 para delitos comunes, y 43 al no usarlo por lo menos en 10 años.
En África, 15 Estados han abolido la pena de muerte y 17 son considerados abolicionistas por no usarla en una década. En 2011, 58 países practican aún este tipo de ejecuciones y alrededor de 20.000 personas esperan en el corredor de la muerte, según la asociación francesa Ensemble Contre la Peine de Mort (ECPM).




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