Opinión Do. 28 Jul. 2013

Qué le hace una mancha más al tigre?

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Julio Lovece, presidente de la Fundación Ushuaia XXI, se refirió al daño ambiental que la empresa Masciotra ha ocasionado.
“Se trata de la calidad de vida de la gente, no sólo del paisaje…” expresó un funcionario, en referencia al medio ambiente. No es importante quien lo dijo, en todo caso lo preocupante es que haya autoridades que piensen que el daño al paisaje es sólo una cuestión de estética y que, como tal, resulta trivial a la hora de compararlo con la vida de la gente. Preguntaría entonces, convivir con un paisaje destruido es calidad de vida? Un paisaje degradado no es, esencialmente, un ambiente destruido? Puede un ciudadano desarrollarse apropiadamente en un entorno deshecho o asolado? Y cómo se refleja dicha ruina si no es primero a través del paisaje natural o urbano?.
 
Porque no se trata de hablarle insistentemente de ecología a un ciudadano que no tiene ni pan para alimentar a sus hijos, reiterado argumento de quienes no asumen su escaso interés por el cuidado del ambiente o su “ecoanalfabetismo”, como si la degradación prometiera mejor futuro. Se debe entender, definitivamente, que hablar de un paisaje equilibrado es hablar de un ambiente natural o urbano, equilibrado. Dice Ricardo Dosso: “El paisaje es la imagen manifiesta y visible del desarrollo…es hábitat, lugar, medioambiente, escenario y escena, continente/contenido, espacio/actividades…”
 
El paisaje no es la cirugía estética innecesaria de la mujer a la que le sobra dinero. No es algo de lo que podemos prescindir, moneda de cambio de un mal entendido desarrollo. La frutilla de la torta. Una fotografía que se puede retocar o trucar caprichosamente. Aún para aquellos que viven en la ciudad, el virus que enferma al paisaje y que conocemos como “contaminación visual”, genera desequilibrios, sobreestimulación, distracciones peligrosas en el tránsito, estrés, dolores de cabeza, etc. Qué podemos decir además de nuestros paisajes naturales, la importancia que tienen en nuestro desarrollo económico, emocional, psicológico, social, turístico, cultural. En el mejoramiento de nuestra calidad de vida.
 
Nuestros paisajes hablan por nosotros, nos muestran tal cual somos, reflejan nuestra cultura, la sensibilidad, el arraigo y cariño por el lugar, demuestran nuestra inteligencia, denuncian incapacidades, la ingobernabilidad, la ausencia de controles, previsibilidad de nuestras políticas, la improvisación, ignorancia o demagogia de quienes nos gobiernan. Será por todo esto que los ignoramos, los tapamos, los maltratamos, los banalizamos, los subestimamos.
 
En su libro “La ciudad como problema estético”, la Arquitecta Zenda Liendivit expresa que: “la estética de una ciudad no solo da cuenta de las condiciones materiales de una sociedad sino que ella también produce conductas y saberes. La estética de una ciudad es una forma de educación que tiene su raíz en la cultura, personal y colectiva, y que influye directamente en los modos de ver y de concebir los espacios urbanos”.
 
No es esto reflejo de lo ocurrido en la entrada de la ciudad?; la deforestación de 20.000 mts2 de bosques y la degradación de todo un espacio natural para resguardar contenedores? Si un grueso porcentaje de nuestra comunidad, está convencida que puede hacer lo que le venga en ganas en el espacio público, no podemos sorprendernos que un privado crea que en un terreno de su propiedad puede hacer lo mismo.
 
No deberíamos rever si la zonificación que nuestras autoridades municipales, (del ejecutivo y del legislativo), para ese sector, es la más apropiada? Ya arruinamos el acceso histórico a la ciudad, (Avda. Perito Moreno) permitiendo el mal trato urbano, destinándolo al uso industrial, en esta extorsiva relación que parece vivir canjeando puestos de trabajo por paisaje, ambiente y calidad de vida. Posteriormente trazamos un nuevo acceso a la ciudad (Avda. Héroes de Malvinas) como original alternativa para evitar el barrio industrial, pero inmediatamente le dispensamos exactamente el mismo mal trato. Ahora extendemos uso similar al acceso único de la ciudad por Ruta Nacional Nro. 3 sobre el que ya están ocurriendo este tipo de usos y desastres. No hay ya ingreso a la ciudad si no es por el sector más vulnerable y más estéticamente destruido. Qué planificamos como nueva alternativa de acceso, la Ruta Nacional Nro. 40 que, en teoría, ingresaría por Playa Larga, costa norte del Canal Beagle, prometiendo transformar ese sector en puja de especulación inmobiliaria, asentamientos “espontáneos” de patriotas que llenan de casitas y banderas argentinas todo lugar donde pueda ingresar un auto. En definitiva de nuevas incapacidades.
 
Desde hace más de tres décadas, a nuestra ciudad se la está devorando la coyuntura. Vivimos en un permanente deterioro de la calidad ambiental, urbana, y ahora nos sorprenden 2 ha. de bosques talados por la desaprensión que, en todos estos años, sembramos, propiciamos, generamos. Hoy fueron los que fueron, mañana serán otros, porque lo que no cambia es la actitud, la mirada frente a esta “película” que ya vimos reiteradas veces, pero que aún no terminamos de entender. El problema no es solamente el que tala el bosque, es el que se lo permite, el que no lo previó, el que no aplica las leyes, el que no las cambia si son insuficientes o impotentes, el que no castiga y, principalmente, los que no les interesa o no tienen tiempo para esas cosas.
 
Por lo tanto, ya no es tan sorprendente que un funcionario piense que el paisaje es una escenografía menos importante que el hombre. Que exprese espontáneamente su prioritaria preocupación por la calidad de vida, separando a esta, de la calidad o del trato que le dispensamos al paisaje.
 
Después de todo qué le hace una mancha más al tigre o, para ser más claro, una cicatriz más al paisaje.
 
 
 
Julio César Lovece

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