Opinión Mi. 27 Jul. 2016

“Una ciudad bien pensada es aquella que se planifica para la gente, no para los autos”

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Nota de opinión de Julio César Lovece, sobre el proyecto de la avenida sobre la costa hacia el Río Pipo. Un llamado de atención para que “No olvidemos que una ciudad bien pensada es aquella que se planifica para la gente, no para los autos”.
Resulta obvio que todo político anhela inaugurar obras que generen impacto en la sociedad y que la ciudadanía recuerde al momento de una nueva elección. Mientras más ambiciosa la obra, suponen mayor será la sensación en la ciudadanía. Cuando un proyecto u obra carece de las cualidades necesarias, procuran atribuirle méritos fantásticos. Claro que olvidan que "fantástico" no significa solamente "resaltar por sus cualidades extraordinarias", también significa "quimérico, irreal y hasta presuntuoso".
 
Hoy estamos debatiendo un ambicioso proyecto de construcción de una avenida por la costa de la Bahía Golondrina, que uniría la rotonda de la Avenida H. Irigoyen y acceso al Aeropuerto Internacional Malvinas Argentinas, con la calle Costa de los Yamanas, del otro lado del Río Pipo.
 
Un viejo proyecto y que hoy se pretende comparar con la "doble avenida Maipú", olvidando que no se trata de la ampliación de una arteria ya existente en pleno centro del casco histórico de la ciudad, sino de una nueva avenida que, según sus impulsores, ayudaría a descongestionar el tránsito desde esa zona hacia el centro y crearía un "paseo costero".
 
Pues bien, vamos a opinar respecto de este promocionado proyecto:
 
                1.- A diferencia de la opinión de quienes impulsan este proyecto, esta nueva avenida NO ayudará a descongestionar el tránsito desde dicha zona y hacia el centro de Ushuaia. Las más importantes urbanizaciones del Pipo se encuentran más próximas a la Avenida H. Irigoyen que a la costa y todo el tránsito generado, deberá desviarse no menos de 500 metros hacia el sur primero y luego, transitar todo un circuito por los barrios de La Misión y desembocar en el Pasaje Luis Fique. Quienes viven lindante a la costa, son menos y, seguramente, no tendrían mayor inconveniente en tardar cinco minutos más en el trayecto hacia sus cotidianas ocupaciones. Las demoras en el tránsito, no solo en ese sector, en muchos casos son fruto del estado de las calles, asfaltadas o no, por lo tanto un mejor mantenimiento ayudaría quizás más, que pensar en nuevas avenidas.
 
                2.- Esto nos permite considerar también, que no tiene mayor sentido una supuesta agilización del tránsito de un sector pequeño de la ciudad que, en definitiva, terminará desembocando en el mismo colapso de tránsito cotidiano. El problema del tránsito en Ushuaia debería ser analizado desde otras perspectivas y con un equipo multidisciplinario de expertos. Posiblemente concluyamos que, toda la ciudad se encuentra sobrecargada y que, como en otros lugares del mundo con problemas similares, se ha atenuado el problema desalentando el uso diario de vehículos particulares, con la oferta de transporte público de calidad, confortable y rigurosos horarios. Bastaría pensar el beneficio en todo sentido, si se lograra que un grueso porcentaje de trabajadores de oficinas públicas, escuelas y comercio del centro de la ciudad, se movilizara en transporte colectivo.
 
                3.- Pero si de optimizar las vías de comunicación de la zona oeste hacia el este de la ciudad se tratara, ¿porqué no pensar en un proyecto menos costoso, consistente en sumar dos carriles más a la Avenida H. Irigoyen, como se había ya planificado en los mismos días en que se concluyeron las obras de la Avenida Prefectura Naval Argentina?. Indudablemente resultaría más directa y ágil para la gran urbanización que el mismo estado provincial viene desarrollando en la zona del Pipo, además de no tener que pensarse en la construcción de un puente en la parte más ancha, como lo es la desembocadura del mencionado río.
 
                4.- Si habláramos de "costos", no podemos evitar preguntarnos si es que la ciudad se encuentra en condiciones financieras para enfrentar un proyecto como este. Si es que no dispone de otras prioridades, dentro de una realidad que parece indicar muchos servicios colapsados, calles destruidas, baches, asfalto deteriorado, espacios públicos en no muy buenas condiciones, calles de barrios nuevos sin asfaltar, contaminación visual y ambiental, servicio de cloacas, etc. Porque tampoco es verdad que solamente se trata de unir un par de calles ya existentes, no son más que angostas calles de tierra que obligará a ganar espacio al mar, sin obviar las posteriores obras de pavimentación, veredas, iluminación, expropiaciones, etc. Claro que siempre existe la posibilidad del financiamiento del estado nacional, hecho que nos lleva a pensar cuándo será el día en que nuestros funcionarios puedan convencer a la nación de las verdaderas prioridades.
 
                5.- Abordando el aspecto ambiental, turístico y cultural, procuraremos no extendernos demasiado, aclarando en primer término que no propiciamos una "privatización" de la costa, por el contrario. Hoy todo este sector es utilizado libremente por todos los vecinos que acceden por diferentes calles, caminando, descansando y hasta tomando sol y mates en los días agraciados del verano, incluso algunos haciendo destrozos, como parece inevitable. Por lo tanto podríamos pensar, como de hecho algunos profesionales y funcionarios ya lo propusieron, en una estupenda bicisenda, pasarelas peatonales, senderos de interpretación en una zona muy rica desde lo paisajístico y cultural, espacios para la recreación de chicos y mayores tan demandados en nuestra ciudad, etc. De esta forma no se impactaría demasiado sobre el entorno, se podría pensar en una mejor convivencia con la fauna y flora existente, un mayor aprovechamiento del paisaje, lejos de esta obtusa idea que los lleva a pensar que, la única forma de aprovechar el paisaje, es construyendo avenidas encima del paisaje.
 
                6.- Quienes hoy viven en ese sector de la ciudad y quienes han invertido su capital en hoteles u hosterías, pudiendo disponer de la posibilidad de no recurrir al estado solicitando un terreno o una vivienda, también merecen respeto y atención. No se pueden cambiar las reglas del juego arbitrariamente. Porque alejarse del centro de la ciudad, haber elegido lugares tranquilos y menos transitados es, en la mayoría de los casos, una elección y ello requiere previsibilidad. Quien ofrece alojamiento al visitante en dichas zonas, no solo ofrece una cama y un techo, está vendiendo un entorno, un paisaje, el silencio o tranquilidad y cambiar estas condiciones es atentar en contra de esas inversiones y del turismo.
 
El crecimiento de una ciudad, más aún tratándose de una localidad como la nuestra, requiere respuestas ingeniosas y absolutamente innovadoras. Los tiempos políticos no siempre ayudan, no congenian con estas premisas básicas. En definitiva no olvidemos que una ciudad bien pensada es aquella que se planifica para la gente, no para los autos.
 
Julio César Lovece
Fundación Ushuaia XXI

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