Opinión Vi. 13 Mar. 2015

Crisis de Representación

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Nota de Opinión de Aníbal Lobasso, una reflexión sobre como los políticos han perdido credibilidad frente a la sociedad. De la política sin contenido y de la falta de proyectos que beneficien a la gente.
En los últimos años la política en la Argentina se ha visto degradada. Lejos quedaron los tiempos en donde haber sido elegido u ocupar un cargo significaba un honor e implicaba un fuerte Compromiso Social. La política significaba vocación de servicio. Hoy en cambio se ha convertido en un negocio rentable que permite un rápido ascenso social.

Esta situación hace que muchos dirigentes, realicen ingentes esfuerzos para seguir manteniendo los privilegios y prebendas que les da el uso de un sillón. Lo que no entienden estos políticos es que ese sillón es prestado, que no les pertenece, que son ocupantes circunstanciales,  que el verdadero dueño es el pueblo y los puede desplazar  utilizando los medios lícitos de que dispone.

Ahora bien la pregunta que nos debemos hacer es como llegamos a esta realidad, quien o quienes han provocado semejante hecatombe. Yo creo que la máxima responsabilidad recae en los Partidos Políticos.

Estas instituciones fundamentales en todo sistema democrático, han dejado de cumplir de manera acabada  su función. Dejaron de ser ámbitos de formación de dirigentes políticos, ya no son usinas de ideas, tampoco controlan a los funcionarios surgidos en su seno, no existen procesos internos que garanticen transparencia, sólo hay acuerdos de cúpula y lo peor aún, sólo abren sus puertas en tiempos electorales, cuando necesitan el apoyo de la gente. Pasada la elección desaparecen y se convierten en lugares abandonados, dejando de realizar todo tipo de actividad partidaria.

Ante este panorama, la ciudadanía en su conjunto siente rechazo e indiferencia hacia la política, desconfía de dirigentes y funcionarios, no se sienten contenidos dentro de las estructuras políticas partidaria. Esto hace que se pierda motivación para participar de la cosa pública y de toda actividad vinculada con la política.   

En este contexto, y particularmente en tiempos electorales, podemos ver como se junta el agua con el aceite, con la sola finalidad de mantener una mísera cuota de poder y seguir lucrando con la política. Lo grave es que en esta mescolanza se renuncia a principios y a ideologías. Todo es válido con tal de estar. Ya lo expresó sabiamente Discepolo en el tango Cambalache.

Somos observadores de una fauna política que muta permanente de partido en partido, o de frente en frente. En esta transformación, estos dirigentes se alinean con aquellos que hasta hace poco denostaban y se alejan de aquellos que  consideraban sus líderes indiscutidos.

En épocas de campaña, muchos sacan chapa de honestos, intentan demostrar que su gestión fue y es transparente, que se preocuparon y ocuparon de los problemas de la gente, cuando en realidad sucedió todo lo contrario. Aquí, en nuestra ciudad, tenemos el privilegio de conocernos todos, sabemos quién es quién, sabemos quién pasó de canillita a Gardel, quien nos mintió, quien nos defraudó, quien se enriqueció, quien realizó prácticas de nepotismo y quien tiene un real compromiso con la comunidad que representa.

Lo planteado hasta aquí no resulta novedoso para nadie ni nos tiene que sorprender. Esta situación resulta conveniente para los picaros e inescrupulosos de siempre,  ya que fueron ellos  mismos quienes nos metieron en este brete, y son los únicos  beneficiarios de este aquelarre. Ya lo dice el refrán, a rio revuelto ganancia de pescadores.

En este escenario, gran parte de los ciudadanos no se sienten representados por la dirigencia política. Pareciera que los intereses de unos y otros van por caminos paralelos, que no confluyen en ningún punto. Los políticos han perdido credibilidad frente a la sociedad y los ciudadanos no encuentran respuestas frente a sus demandas.

Existe un descreimiento generalizado. Hoy por hoy la sociedad no cree en nada ni en nadie, hasta las propias instituciones están en la mira. Esto genera una situación de descontento social, de incertidumbre, de desasosiego, que afecta a la misma democracia.

Estamos cansados del enfrentamiento político sin contenido, de las chicanas baratas, de que no se discutan proyectos que beneficien a la gente, de que los cuerpos colegiados se encuentren paralizados, que no exista un trabajo parlamentario serio, con el agravante que estos cuerpos, en muchos casos se convirtieron en escribanías del Ejecutivo de turno.

Todo indica que si no nos involucramos en la cosa pública, nada cambiara, que siempre estarán las mismas caras mimetizadas, transformadas, haciendo promesas en tiempos de campaña para conseguir un voto, a sabiendas que nunca serán cumplidas. Luego, lograda esa miserable cuota de poder, se olvidan absolutamente de todo, hasta de sus propios orígenes, se marean y caen, indefectiblemente, en actitudes soberbias.

A esta altura no tengo dudas que nos encontramos en una profunda crisis de representación, puede afirmarse que, a medida que transcurre el tiempo, los representantes, “representan” menos a los representados, poniendo en riesgo al sistema democrático (1). Solo de nosotros depende que la democracia como forma de gobierno y estilo de vida se consolide. La forma de lograrlo es exigirle a nuestros gobernantes compromiso, trabajo y actitudes éticas. En estas elecciones tenemos la oportunidad de dar una vuelta de página y cambiar la historia. Repudiemos las actitudes clientelares y demagógicas, porque ellas nos conducirán inexorablemente al fracaso.
 
(1)   Apuntes de la SAAP
 
ANIBAL ALBERTO LOBASSO
DNI 12.535403
 
    
 
 
 
    

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